El viaje en Dios

Resumen

Escucha en este podcast un resumen del cuarto texto de los Apuntes sobre la oración: “El viaje en Dios”.

“El viaje en Dios”

“El viaje en Dios” explora la rica tradición espiritual cristiana enfocándose en la oración y la meditación, particularmente a través de las experiencias y enseñanzas de santos célebres. No se trata de centrarse en los estados más elevados de la oración contemplativa, sino en proporcionar apoyo y orientación a quienes buscan profundizar en su vida de oración, pero encuentran dificultades debido a la debilidad humana.

Los santos, vistos a distancia, pueden parecer remotos e intimidarnos por su grandeza. Sus caminos hacia la unión con Dios siguen un sendero que, o bien es muy elevado y místico, o bien con el ascetismo, es excesivamente áspero para el creyente común. Sin embargo, en la cercanía de su alma ganan actualidad y muestran la sencillez de su oración.

Oír, escuchar atentamente, a cuatro célebres santos en oración íntima en este breve estudio —Agustín, Teresa de Ávila, Tomás de Aquino y Teresa de Lisieux— es toda una revelación. Los cuatro santos, aunque inspirados por la misma fe cristiana y de formas parecidas, son al mismo tiempo asombrosamente diversos en su carácter y estilo. Los cuatro son capaces de transmitir la frescura de la novedad y la sorpresa del Evangelio en sus reflexiones sobre la oración de manera maravillosa.

El hecho de su diversidad y las numerosas diferencias llamativas entre ellos, conlleva un mensaje importante en nuestras vidas actuales, un mensaje expresado hace siglos por santa Teresa de Ávila: «No a todos lleva Dios por un camino; y, por ventura, el que le pareciere va por muy más bajo, está más alto en los ojos del Señor» .

Todos, incluso los santos más grandes, aprendieron a orar a través de sus propias luchas y, paradójicamente, del testimonio de pecadores célebres. Santo Domingo adoptó la humilde oración del publicano del Evangelio de San Lucas, y Santa Teresa de Ávila señaló que aquellos que alcanzan la séptima morada en “El castillo interior” nunca pierden el contacto con el espíritu humilde del publicano. Tampoco podemos olvidar la impactante súplica del buen ladrón en el monte Calvario, cuyas palabras movieron a Jesús a prometerle el paraíso.

Muchas oraciones conmovedoras en la tradición espiritual nacen de la necesidad y la desesperación, capturando el corazón de Jesucristo. Los cuatro grandes santos a los que nos vamos a referir, Agustín, Tomás, Teresa y Teresita, revelan una intimidad divina y amistad con Dios, acompañada de humildad y pobreza de espíritu. Estos santos, humanos como nosotros, ofrecen ánimo y compasión, pero también un desafío a nuestra mediocridad, mostrando cómo sus vidas fueron transformadas por la gracia de Dios.

Agustín de Hipona en oración

El testimonio de Agustín de Hipona desvela en Las Confesiones, su profunda relación con Dios a través de la oración. Conocido por su sinceridad y franqueza, san Agustín revela su lucha interna con el pecado, especialmente con la lujuria y la concupiscencia carnal. Describe cómo su juventud estuvo marcada por deseos intensos y una batalla constante para vivir la virtud de la castidad. Su conversión no fue instantánea. A través de sus escritos, Agustín expone cómo Dios lo llevó a una profunda introspección, enfrentándolo con la fealdad de sus pecados y la necesidad de la gracia divina.

San Agustín también reflexiona sobre la naturaleza de la conversión y reconoce que el camino hacia Dios es un proceso continuo de transformación y redención. Incluso después de su conversión, Agustín experimenta caídas y luchas, pero siempre vuelve a levantarse, guiado por la misericordia divina. Su vida hace visible la importancia de la humildad y la constancia en la búsqueda de la santidad: un ser humano que lucha y persevera en su camino espiritual.

Se trata, sin duda, de la conversión continua, un concepto central en la espiritualidad de San Agustín. A pesar de alcanzar una gran intimidad con Dios, Agustín reconoce que su conversión no es un evento único, sino un proceso constante. En sus Confesiones, admite que, aunque ha experimentado momentos de profunda conexión con Dios, sigue siendo susceptible a las tentaciones y las caídas. Sin embargo, estas luchas no lo desaniman; al contrario, fortalecen su búsqueda de la gracia de Dios y su determinación de seguir adelante en su camino espiritual.

La Oración en la Práctica de Teresa de Jesús

El caso de la oración de Teresa es también paradigmático. Ella vive la simplicidad y la profundidad de la oración. Enfatiza que la oración no necesita ser compleja o elaborada para ser efectiva. La oración es una expresión directa y sencilla de corazón que camina hacia Dios y aspira a él. Por eso, Teresa no siente la necesidad de utilizar palabras sofisticadas o frases rebuscadas: se dirige a Dios con la misma naturalidad con la que hablaría con un amigo cercano.

Teresa también habla de la importancia de la humildad en la oración, destacando que incluso en sus momentos de debilidad y fracaso, sigue confiando plenamente en la misericordia de Dios. De algún modo, expresa una confianza infantil y serena en Dios, mostrando que la verdadera oración nace de un corazón sincero y humilde. Ciertamente, la sencillez y la autenticidad en la oración pueden llevar a una profunda relación con Dios, independiente de las complejidades de la teología o la espiritualidad mística.

El caminito espiritual de Teresita de Lisieux

Santa Teresa de Lisieux, antes de su muerte, comentó a una amiga espiritual su verdadera naturaleza, tal y como ella se veía y desafiando la imagen dulce y piadosa de su santidad. Aunque percibida como una figura oculta y desconocida en su comunidad, su vida interior y su humildad fueron reconocidas tras su muerte. Teresa fue canonizada y declarada Doctora de la Iglesia por su profundo itinerario espiritual y la grandeza de sus intuiciones de fe.

Cuando Teresa deseaba ser santa, se dio cuenta de que no podía seguir los caminos elevados de la santidad que veía en quienes le habían precedido. Así que buscó y descubrió su “caminito” de infancia espiritual basado en confianza y entrega total, confiando en la bondad de Dios como un niño. Teresa no se desanimaba por sus imperfecciones y pecados, sino que los ofrecía a Dios, confiando en su misericordia.

Su oración era sencilla y directa, evitando elaboradas composiciones. Recurría a las Escrituras para el apoyo de su oración y rechazaba las visiones y experiencias místicas. Teresa valoraba la vida ordinaria y encontraba inspiración en figuras del Evangelio como el publicano y María Magdalena. En sus últimos días, Teresa enfrentó tinieblas espirituales, lo que profundizó su empatía y oración por los pecadores, identificándose con ellos en su sufrimiento.

Un teólogo arrodillado

Santo Tomás de Aquino, conocido por su rigor en filosofía y teología, tenía como objetivo principal atraer a otros hacia Cristo. En sus escritos, evitaba el uso del pronombre “yo”, pero sus oraciones personales revelan profunda humildad y sinceridad. En su “Oración por la remisión de los pecados”, Aquino se describe como pecador y pide a Dios misericordia y ayuda. A pesar de su santidad, Tomás reconocía que todos albergamos pecado y sólo Cristo y la Virgen María están libres de él.

Las oraciones de Aquino, como el conocido “Adoro te devote”, son profundamente personales y humildes. En ellas, se dirige a Cristo con una devoción intensa, reconociendo su necesidad de la gracia divina. En otra de ellas pide cualidades espirituales como vigilancia y rectitud, demostrando su deseo de crecer en santidad. La confianza en Dios es central en su oración y esencial para una relación sincera con el Creador.

Tomás de Aquino veía la oración de petición como el corazón de la oración cristiana, destacando la importancia de la humildad y la dependencia en la misericordia divina. Su vida de oración y contemplación estaba dedicada al servicio de los demás, y su compromiso se centró en la difusión del conocimiento de Dios.

“El viaje en Dios” nos invita a contemplar la relación entre la fragilidad humana y la gracia divina. A través de las experiencias de santos como Agustín de Hipona, Tomás de Aquino, Teresa de Ávila y Teresa de Lisieux se nos muestra que la búsqueda de Dios es un viaje continuo de conversión, humildad y confianza. Estos santos, a pesar de sus extraordinarias vidas de santidad, enfrentaron luchas similares a las nuestras y encontraron en Dios la fortaleza y el consuelo necesarios para perseverar.

Ante su ejemplo, se nos anima a no desanimarnos por nuestras imperfecciones, sino a abrazar nuestra humanidad y a confiar en la misericordia de Dios. La oración no requiere complejidad, sino sinceridad y sencillez. A través de una relación honesta y humilde con Dios, podemos encontrar el camino hacia la verdadera santidad y paz interior.

En “El viaje en Dios” encuentras un testimonio poderoso de confianza, humildad, lucha y redención. Palabras que resuenan en todos aquellos que buscan un encuentro personal con Cristo y una relación más profunda con Dios en medio de las realidades y desafíos de la vida cotidiana.